Modelo historicista-positivista, discurso hegemónico y canon literario

El sistema escolar moderno nace al calor de las ideas decimonónicas propugnadas por el Romanticismo y el liberalismo y está asentado en los valores y los ideales pedagógico-patrióticos de la burguesía y relacionado con el modo en que esta configura su propia percepción del mundo. Así, el nuevo modelo de educación literaria abandonará el modelo retórico vigente hasta ese momento (enfoque fundamentalmente práctico, centrado en el aprendizaje de reglas a partir de la imitación de los clásicos) y consolidará el modelo positivista-historicista (Núñez Ruiz, 2001) que concebía el estudio literario como “una vía real hacia la comprensión de una cultura en su totalidad” pues se consideraba que la literatura, junto a la lengua y la cultura, conforman un conjunto orgánico que se identifica con el espíritu de una nación y que, por tanto, representa la identidad y los valores de la civilización de la que forman parte (Compagnon, 2008). Este modelo, vigente todavía en la actualidad en la gran mayoría de las aulas y centrado en la transmisión de un discurso profundamente jerarquizado y aparentemente no problemático basado en la presentación cronológica de los sucesivos movimientos literarios y de sus autores más representativos,  se encuentra

[…] asentado en la creencia falsa de que los autores seleccionados son representantes de todo un pueblo, espíritu o época, sin atender a la variabilidad social de voces o puntos de vista que o bien no llegaban a la literatura o bien no fueron consideradas dignas de estudio. Se convierten así unas voces hegemónicas en universales, acallando a las demás, y simplificando nuestra concepción sobre la historia y sobre nosotros mismos. (Compagnon, 2008:25) Sigue leyendo

¿PARA QUÉ ENSEÑAMOS LITERATURA?

Después de repasar los argumentos que justifican la presencia de la educación literaria en la formación básica del alumnado, es el momento de hacernos otra pregunta: ¿Para qué enseñamos Literatura?

Me parece imprescindible que los/as profesores/as de Lengua castellana y Literatura, antes de abordar el proceso de enseñanza-aprendizaje, afrontemos una reflexión seria y profunda sobre para qué enseñamos literatura, qué queremos que nuestros/as alumnos/as se lleven de nuestras clases y, una vez tengamos la respuesta, recapacitar sobre si nuestra forma de dar la asignatura contribuye o no a lograr los objetivos que nos hemos propuesto. Además, las preguntas sobre para qué enseñamos Literatura y cómo la enseñamos se convierten en dos cuestiones clave, puesto que en nuestras respuestas obtendremos los argumentos que expliquen por qué queremos cambiar la enseñanza de la Literatura y para qué queremos hacerlo. Sigue leyendo