¿PARA QUÉ ENSEÑAMOS LITERATURA?

Después de repasar los argumentos que justifican la presencia de la educación literaria en la formación básica del alumnado, es el momento de hacernos otra pregunta: ¿Para qué enseñamos Literatura?

Me parece imprescindible que los/as profesores/as de Lengua castellana y Literatura, antes de abordar el proceso de enseñanza-aprendizaje, afrontemos una reflexión seria y profunda sobre para qué enseñamos literatura, qué queremos que nuestros/as alumnos/as se lleven de nuestras clases y, una vez tengamos la respuesta, recapacitar sobre si nuestra forma de dar la asignatura contribuye o no a lograr los objetivos que nos hemos propuesto. Además, las preguntas sobre para qué enseñamos Literatura y cómo la enseñamos se convierten en dos cuestiones clave, puesto que en nuestras respuestas obtendremos los argumentos que expliquen por qué queremos cambiar la enseñanza de la Literatura y para qué queremos hacerlo.

En primer lugar, he de dejar claro que estoy totalmente de acuerdo con todas y cada una de las razones aportadas por los expertos en la materia y que, sin duda, comparto su visión de la literatura como un instrumento pedagógico profundamente valioso y necesario para una verdadera educación integral de nuestros/as jóvenes. En segundo lugar, considero importantes absolutamente todos los beneficios que de su estudio puede obtener el alumnado en su proceso de formación social, cultural, lingüística y personal como seres humanos y ciudadanos/as, y creo que la consecución de todos ellos debe guiar nuestro trabajo. No obstante, creo también que, hoy por hoy, debido a las características y a las condiciones de vida del mundo actual impuestas por el alienante sistema neocapitalista patriarcal, que tiende hacia la homogeneización cultural y la hiperespecialización técnica con el fin de obtener una mano de obra intelectual muy cualificada a la vez que una ciudadanía más dócil ( Joan Fuster en Núñez, 2001)[1], debemos conceder más preponderancia a la función social emancipadora del saber literario. Para ello, resultará fundamental relacionarlo con los temas de la educación en valores y fundamentarlo en un proceso de enseñanza-aprendizaje más vivo y dinámico que persiga la asimilación de los derechos humanos en la práctica social diaria del alumnado y que fomente la participación democrática y las formas de pensamiento no gregarias en pos de una “alfabetización crítica” (Apple, 1996)[2] que cambie el papel del alumnado como receptor pasivo de conocimientos y favorezca la reflexión individual y colectiva a través del diálogo intersubjetivo y el cuestionamiento de los saberes impartidos, de manera que la clase de Literatura sea un espacio privilegiado para potenciar las diversas y múltiples voces de las/os alumnas/os, subalternos ellas/os mismos dentro del proceso de conocimiento (López Valero, 2002). Así pues, abogo por una enseñanza de la Literatura orientada a la transformación escolar y social como objetivo prioritario, esto es, por una “didáctica crítica” como

ciencia teórico-práctica que orienta la acción reconstructiva del conocimiento, en un contexto de enseñanza-aprendizaje, mediante procesos tendencialmente simétricos de comunicación social, desde el horizonte de una realidad emancipadora. (Rodríguez, 1997)[3]

Ahora bien, ¿cómo hemos de impartir la asignatura para poder lograr dichos objetivos? Es evidente que aquí se pueden barajar varias posibilidades, pero una cosa está clara, y es que el modelo tradicional vigente en la actualidad obstaculiza enormemente este propósito. Veamos por qué.


[1] El rumbo que siguen nuestras sociedades actuales bajo la tiranía de las máximas capitalistas ha provocado la preocupación de muchos/as estudiosos/as por el futuro de las Humanidades en el sistema educativo ya que no solo le son menos rentables a corto plazo sino que hacen pensar, y esto choca frontalmente con los objetivos y propósitos del sistema. Una reflexión interesante sobre este tema puede encontrarse en la reseña de Carlos García Gual sobre el libro Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las Humanidades de Martha C. Nussbaum, Katz, Madrid-Buenos Aires, 2010; la reseña ha sido publicada en  Carlos García Gual, “Rentabilidad y educación” (Babelia, 2-7-2011). Dicha reseña puede encontrarse en línea en: http://elpais.com/diario/2011/07/02/babelia/1309565534_850215.html

[2] Referencia bibliográfica tomada de López Valero y Encabo Fernández (2002), p. 63.

[3] Referencia bibliográfica tomada de López Valero y Encabo Fernández (2002), p. 68.

 

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