La coeducación (1)

La coeducación es una propuesta pedagógica que parte del principio de igualdad entre los sexos y del respeto y la valoración igualitaria de las experiencias y aportaciones de las personas de distintos sexos en todos los campos. Este modelo educativo asegura la impartición de la formación y educación de chicas y chicos en condiciones de igualdad suprimiendo los límites a los aprendizajes a recibir por cada uno de ellos e incorporando la diversidad de género como diversidad cultural. Supone, por tanto, una reformulación del conocimiento impartido y del modelo de su transmisión desde una perspectiva de género (IM, 2007). Los objetivos fundamentales que persigue son la transformación de las relaciones entre mujeres y hombres y la erradicación de las desigualdades sociales y de las jerarquías culturales entre los sexos mediante la eliminación de las diferencias de socialización de unas y otros, la superación de los estereotipos de género y la ruptura de la conceptualización binaria (Tomé, 2001), lo que, en última instancia, supondría una superación o eliminación de los géneros (Subirats, 1998). Para lograrlo, desde esta perspectiva se proponen una serie de acciones o prácticas educativas críticas con el androcentrismo que:

  • en los objetivos, contenidos, metodología y evaluación, contemplen como sujetos de aprendizaje tanto a chicas como a chicos en relación con su contexto y no a un sujeto abstracto y único, que, a fin de cuentas,  bajo la máscara de lo neutro, esconde un rostro masculino (Blanco, 2002);
  • potencien al máximo el desarrollo personal de chicas y chicos para que puedan diseñar proyectos de vida que sean producto de elecciones personales y no de limitaciones estereotipadas;
  • promuevan el conocimiento del otro y el reconocimiento positivo de las diferencias en igualdad de condiciones, eliminando los obstáculos que lo impidan;
  • incluyan, visibilicen y valoren las experiencias y virtudes “femeninas” como el cuidado de los demás, la expresión de sentimientos y  emociones, etc. (Puleo, 2001), de manera que se consiga una “alfabetización relacional y democrática” del alumnado (Simón Rodríguez, 2010);
  • rescaten los valores positivos “femeninos” y “masculinos” como igualmente importantes, encarnados en un único modelo universal o andrógino de conductas y capacidades para todo el alumnado (Subirats, 1998);
  • utilicen un método basado en la cooperación, la tolerancia, el respeto, la negociación, el diálogo y la resolución pacífica de conflictos;
  • tengan en cuenta otros espacios y agentes de socialización respecto a los que se debe actuar más allá de la escuela (familia, medios de comunicación…) (IM, 2007).

La aplicación de este modelo educativo, en cuyo marco teórico me he apoyado para incluir la perspectiva de género en la enseñanza de la historia de la literatura española, conlleva una serie de beneficios individuales y sociales que repercutirán en la construcción de identidades subjetivas más libres y autónomas en el alumnado y de una sociedad sin discriminaciones, así como en la prevención de los distintos tipos de violencia de género existentes en la actualidad.

 

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