La discriminación machista en el ámbito literario

La discriminación de las mujeres en el mundillo literario ha sido una constante en nuestra cultura y se ha manifestado de diferentes formas hasta la actualidad, unas más agresivas, otras más sutiles, pero normalmente adaptadas a los límites de lo aceptado social y legalmente en cada época. Veamos algunas de todas las posibles (Freixas, 2000):

  • Negación de la capacidad artística de las mujeres. Durante mucho tiempo se consideró que la feminidad y la creatividad eran incompatibles y en muchos momentos, sobre todo a partir del Romanticismo, esta se asoció a la noción de genio, a la virilidad y al vigor sexual (Mayayo, 2010). Dicha concepción absolutamente parcial se elevó a rango de verdad absoluta. Así, los casos de mujeres artistas se convirtieron en una paradoja para la que el orden patriarcal encontró la peregrina explicación de que, en estos casos, sus creaciones eran fruto del hombre que llevaban dentro: “no hay mujeres geniales; las mujeres geniales son hombres” reza un epigrama de Goncourt (Mayayo, 2010). Eran, por tanto, mujeres “viriles” cuya excepción no socavaba el orden de lo masculino, orden en el que el hombre ostenta de manera exclusiva la posición de sujeto y la mujer queda relegada, simplemente, como musa, a la de objeto.

La mujer bien se puede asegurar que ha creado la hermosura y el arte creándose a sí misma. […] Ni la poesía, ni la pintura, ni la escultura hubieran jamás nacido si la mujer no se hubiera hecho antes hermosa. (Fragmento del discurso de Juan Valera “Las mujeres y la Academia”)

  • Mirada androcéntrica a través de la cual lo masculino se establece como norma de lo universal y lo femenino como fenómeno particular. Desde esta perspectiva, el hombre escritor o personaje protagonista se concibe como representante del género humano mientras que la mujer escritora o personaje protagonista lo es solamente de las mujeres y solo a ellas les interesa. Así la literatura de o sobre mujeres es llamada “femenina”, mientras que la escrita por hombres o interesada en los temas tradicionalmente masculinos es “literatura” a secas. Como la universalidad es una característica que ha sido siempre muy valorada para la inclusión de una obra en el canon, en consecuencia, las obras “femeninas” han sido sistemáticamente excluidas de este. Esta separación además, está relacionada habitualmente con el establecimiento de un criterio de calidad basado en la ecuación lo femenino es malo y lo malo es femenino.

Existe un tipo de novelas, normalmente escrito por mujeres que habla de sentimientos a flor de piel y vive en los espacios donde las emociones constituyen el único eje en el que se sustenta la narración. […] no plantea grandes cuestiones en sus historias, ni refleja posturas ideológicas, ni se detiene en profundas reflexiones, ni construye un corpus narrativo con suficiente peso como para aguantar y alimentar ese complejo mundo en que las emociones habitan. (“Sentimiento y cursilería”, Qué leer, octubre de 1997) (69-70)

En la crítica actual, por ejemplo, también es muy frecuente encontrar una estrecha relación entre la “literatura femenina” y la “literatura comercial”  de poca calidad y prestigio.

Mujeres y hombres compiten en la actualidad por el trono femenino de la novela fácil y digestiva que proporciona pingües beneficios, pero en ningún caso han creado ni crearán heroínas inolvidables como las de los novelistas del siglo XIX. (“La Biblioteca del mañana”, Leer, verano de 1996) 

[…] el amplio mercado de la novela femenil en la que decaen hasta escritores de verdad (véanse las últimas novelas de Martín Gaite o Almudena Grandes). (“Pura vida”, Revista de Libros, diciembre de 1998) 

  • Ocultamiento de los méritos de las mujeres en cuanto se presupone que una mujer es premiada o publicada por motivos mediáticos, oportunistas o de corrección política, con lo que se refuerza la idea de que los hombres son escogidos por mérito propio.

[…] Sí, hay una literatura femenina; se nota en que tira para atrás porque apesta. Con toda esa emotividad sin filtro y el superprotagonismo del sentimiento femenino, el punto de vista de raza oprimida. Y no hablo de escritoras como Marguerite Duras o Marguerite Yourcenar, que han hecho cosas magníficas, sino de toda esa literatura mal escrita por o para mujeres. Y que solo por eso es aceptada y hasta celebrada. Se está promocionando a la mujer en todas las áreas solo por el hecho de ser mujer. Como si ser mujer te autorizara a escribir mal.

  • Representación estereotipada de las mujeres y creación de una naturaleza e identidad femenina con elementos altamente esencialistas y universales que redundan en la visión patriarcal de la feminidad.
  • Relegación a un lugar secundario de los géneros literarios más cultivados por las mujeres, como es el caso de los llamados autobiográficos: cartas, diarios, autobiografías, memorias…

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