Mi propuesta (IV): metodología

Como ya mencioné en una entrada anterior, la metodología que he elegido para trabajar los contenidos de la historia literaria con el alumnado de ESO, desde una perspectiva de género,  es la propia de los talleres educativos[1].

El taller educativo es un método activo de enseñanza-aprendizaje que parte de la noción de “taller” como lugar donde un conjunto de personas trabaja cooperativamente con el objetivo de producir ideas y materiales propios. Se trata de una

realidad integradora, compleja, reflexiva, en que se unen la teoría y la práctica como fuerza motriz del proceso pedagógico, orientado a una comunicación constante con la realidad social y como un equipo de trabajo altamente dialógico formado por docentes y estudiantes, en el cual cada uno es un miembro más del equipo y hace sus aportes específicos[2],

de un “tiempo-espacio para la vivencia, la reflexión y la conceptualización, como síntesis del pensar, el sentir y el hacer; para la participación y el aprendizaje”, esto es, un “lugar del vínculo, la participación, la comunicación y, por ende, lugar de producción social de objetos, hechos y conocimientos”[3]. Es, por tanto,

una vía idónea para formar, desarrollar y perfeccionar hábitos, habilidades y capacidades que le permiten al alumno operar con  el conocimiento y al transformar el objeto, cambiarse a sí mismo[4].

Los objetivos generales que se buscan con esta metodología son, entre otros[5]:

  1. Promover y facilitar  una educación integral.
  2. Superar en la acción la dicotomía entre la formación teórica y la experiencia práctica.
  3. Superar el concepto de educación  tradicional en el cual el alumno ha sido un receptor pasivo, bancario, del conocimiento.
  4. Facilitar que los alumnos o participantes en los talleres sean creadores de su propio proceso de aprendizaje.
  5. Hacer un acercamiento de contrastación, válidación y cooperación entre el saber científico y el saber popular.
  6. Desmitificar la ciencia y el  científico, buscando la democratización de ambos.
  7. Desmitificar y desalienar la concientización.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, podemos ver cómo este método se acopla perfectamente a las intenciones de este trabajo y nos permite, sin salirnos del modelo historicista vigente en la ley actual, integrar en el trabajo de aula los planteamientos básicos del análisis feminista que lo cuestionan, lo que, sin duda, es nuestro propósito principal. Así, podemos enunciar las razones por las cuales adoptaremos esta metodología como sigue:

1ª) El modelo tradicional de enseñanza basado en un proceso de comunicación unidireccional en el que el alumnado es tan solo un mero receptor pasivo de información obstaculiza enormemente la posibilidad de llevar a cabo la transformación escolar y social que, como objetivo prioritario, da sentido a este trabajo. En cambio, los principios pedagógicos en los que se inspira este método favorecen la eliminación de las jerarquías docentes preestablecidas e incuestionables, la superación de los roles tradicionales asignados al profesorado y al alumnado, la superación de las relaciones competitivas entre las/os estudiantes y la práctica de formas de evaluación conjunta[6], todo lo cual nos permitirá desmasculinizar las relaciones en el ámbito del aula. Gracias a esta forma de organización del trabajo de aula que busca la mayor horizontalidad posible, el/la profesor/a deja de ser la única voz que juzga, se escucha o se cree adecuada.

2ª) Las formas de trabajo propias de esta metodología, en las que el/la alumno/a es el/la protagonista a la vez que miembro de un grupo en el que se trabaja de forma cooperativa, lo/la estimulan a dar su aporte personal, crítico y creativo a partir de su propia realidad[7], fomentando en todas las fases del proceso educativo el desarrollo de su libertad y autonomía y la asimilación real de valores democráticos como la libertad de opinión, el respeto a las opiniones ajenas, la convivencia, la igualdad, la tolerancia, la solidaridad, el diálogo constructivo y respetuoso y la resolución pacífica de conflictos. En este sentido, el hecho de poner en primer plano la reflexión personal y el hábito crítico nos facilitará también poner en tela de juicio -a la par que evitar- la imposición del discurso hegemónico y regulador en que se sustenta nuestra disciplina, lo que resultará esencial para cuestionar –y corregir- el punto de vista androcéntrico en que esta se encuentra instalada.

3ª) El taller educativo, en tanto en cuanto fomenta la utilización de distintas y variadas fuentes de información, nos permite a su vez relegar a un segundo plano el libro de texto, un recurso educativo que, hoy por hoy, supone un auténtico lastre para una educación comprometida con la igualdad entre mujeres y hombres, como han demostrado distintas investigaciones que fueron ya comentadas en su momento.

4ª) Esta metodología se ajusta al modelo educativo que creo más adecuado a nuestro tiempo y más positivo y beneficioso para el alumnado: el basado en una educación integral que le permita aprender a ser, aprender a aprender y aprender a hacer.

5ª) Además, nos permite acercar la asignatura a los intereses actuales de los/as jóvenes y favorecer su motivación a partir de actividades participativas, creativas y lúdicas que tienen muy en cuenta las nuevas tecnologías.

Por otro lado, en estos talleres se buscará trabajar de manera coordinada, siempre que la situación lo permita, con otros departamentos, de forma que se enriquezca el proceso de aprendizaje, se promueva una concepción global de los contenidos relacionados con la historia de la cultura y se evite la organización del conocimiento en compartimentos estancos, que impone límites, muchas veces artificiales, entre las distintas asignaturas, distorsionando así la recepción de los procesos históricos y culturales tal y como se forman en la realidad.


[1] Toda la información referida a este asunto está tomada de Maya Betancourt (1996).

[2] Definición de Melba Gómez Reyes, op. cit., p. 12.

[3] Definición de Mª Teresa González Cuberes, op. cit., p. 14-15.

[4] Definición de Gloria Mirabent Perozo, op. cit., p. 13.

[5] Op. cit., p. 21-22.

[6] Principios pedagógicos en que se fundamenta un taller, según Ezequiel Ander Egg, op. cit., p. 22-23.

[7] Op. cit., p. 17.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s